Fr. VICENTE SOLER DE SAN LUIS GONZAGA
Nacimiento: el 4 de abril de 1867
Profesión Religiosa: 15-V-1883; 53 años de vida religiosa.
Sacerdocio: 31 de mayo de 1890; 46 años de Presbítero.
Martirio: 15-VIII-1936; tenía 69 años
Nació en Malón, provincia de Zaragoza y obispado de Tarazona, el 4 de abril de l 867. Al día siguiente fue bautizado en la parroquia de san Vicente.
Sus padres, Luis Soler y Dominica Munáriz, sencillos y honrados vecinos de Malón, dieron a su hijo una educación cristiana y le enseñaron el amor a los pobres. De ellos aprendió la honradez, la nobleza de espíritu y la acendrada piedad que lo caracterizaría toda su vida.
Cerca de Malón tienen los agustinos recoletos desde 1828 un convento donde se formaban los jóvenes misioneros destinados a Filipinas. En la iglesia adosada al convento se venera una devota y vetusta imagen de la Virgen del Camino, famosa en toda la región. Los pueblos circunvecinos desde antiguo acudían en romería para venerar la preciosa imagen de la Virgen. Vicente tuvo ocasión de frecuentar muchas veces el santuario de la Virgen y de entretenerse con los numerosos jóvenes, casi de su misma edad y algunos de la misma zona o conocidos, que forjaban su espíritu en los grandes ideales de la vida religiosa y misionera. Nació allí, sin duda, su vocación misionera.
Tenía solamente 12 años cuando decidió dedicarse a Dios en la vida religiosa. Pero antes tenía que prepararse en el estudio del latín y de la gramática. Y, en efecto, estudió durante tres años en el seminario de Tarazona.
En 1882, a la edad de 15 años, tomó el hábito religioso de agustino recoleto en el convento de Monteagudo y, acabado el noviciado, el 15 de mayo de 1883 hizo la profesión religiosa.
Después de la profesión, cursó en el mismo convento de Monteagudo dos años de filosofía y ciencias. En 1885 pasó al convento de san Millán, donde estudió durante dos años teología dogmática.
Continuó sus estudios eclesiásticos de moral, derecho canónico e historia eclesiástica en el convento de Marcilla. El 20 de enero de 1888 fue ordenado subdiácono en el convento de Marcilla, y el 15 de junio de 1889 recibió la orden sagrada del diaconado.
Antes de ser ordenado sacerdote fue destinado a las misiones de Filipinas. E1 18 de septiembre de 1889 salió de Marcilla con la misión  LXXXVIII, que embarcó el 20 del mismo mes, en el vapor “San Ignacio de Loyola”. Arribó a Manila el 25 de octubre del mismo año. Allí permaneció ocho meses preparándose para el ministerio. El día 31 de mayo de 1890 fue ordenado sacerdote en la iglesia de santo Domingo.
Los primeros años de misionero 
El 1 de junio de 1890 fue destinado el P. Vicente a Antipolo (circunscripción de Manila) para estudiar el idioma tagalo. Nueve meses de estudio intensivo le fueron suficientes para imponerse en el idioma, de tal manera que los superiores, juzgándolo suficientemente preparado, lo destinaron el 7 de marzo de 1891 como misionero coadjutor a Sablayan, en la isla de Mindoro, y el 21 de abril del mismo año lo trasladaron a Mamburao, para que se hiciera cargo de aquella misión.
En los siete años que permaneció en Mamburao desarrolló un intenso apostolado, dejando huellas de su celo y de su entrega total a los pobres. No sólo se preocupó de la promoción humana y espiritual de los nativos, sino que se dedicó a construir una iglesia de piedra y tabique pampango (pared construida con chamizo o maderos y cubierta por ambos lados con yeso) y techo de hierro, y a mejorar el sencillo convento construido con tabla, que sirvió de todo: de residencia, de escuela, de dispensario.
El P. Vicente conservará siempre vivo el recuerdo de esa experiencia misionera que duró siete años, donde aprendió a trabajar en la soledad, sin otra recompensa que la gloria del cielo.
Prisionero de los insurrectos 
El l 8 de abril de l 898, el P. Vicente fue trasladado a la parroquia de Taysan, en la provincia de Batangas (isla de Luzón), donde llegó a primeros de mayo. No llevaba allí todavía un mes cuando los insurrectos de la región, el 29 de mayo, obligaron a salir de la zona a todos los misioneros. En compañía de otros dos agustinos recoletos, se embarcó en un pequeño vapor y se refugió en Looc, Isla de Tablas. Creyeron los religiosos haber encontrado un lugar seguro, porque la Isla era administrada por los agustinos recoletos y además estaba al sur de Luzón, lejos de los insurrectos. No habían hecho bien los cálculos, porque la insurrección, como mancha de aceite, se extendió pronto por todas partes.
El 30 de julio de 1898 el P. Vicente, juntamente con sus compañeros, fue hecho prisionero por los insurrectos.
Diecinueve largos meses duró la prisión de los religiosos, durante los cuales sufrieron toda clase de vejaciones y penalidades. Condenados a muerte, estuvieron delante del pelotón de ejecución, pero al último momento se salvaron.
El P. Vicente, en un escrito del 1900 titulado “Memoria de la prisión”, relató las penalidades sufridas durante los l9 meses de cárcel, escrito que se ha extraviado. Otras memorias de sus compañeros de prisión, especialmente del padre Pedro López del Rosario y que se conservan en el archivo de Marcilla, dan una idea de lo que tuvieron que sufrir los misioneros. Allí aprendió a sufrir en silencio y a poner toda su confianza en Dios. Allí aprendió también a ejercitar el apostolado entre los presos. La experiencia de su primera prisión le servirá más tarde, en su definitiva prisión de Motril en agosto de 1936, para animar a sus compañeros, para incitarlos a confiar en Dios, mientras les contaba cómo Dios lo había ayudado a él durante su prisión en las Islas Filipinas.
Obtenida la libertad, el l de marzo de l900, fue destinado al convento de San Sebastián extramuros de Manila donde permaneció hasta el l9 de julio de 1902.Se dedicó allí a la predicación, al apostolado del confesionario y a propagar la devoción de la Virgen del Carmen, fortaleciendo la Cofradía y multiplicándose con pláticas, sermones y visitas a los enfermos.
El l9 de julio de 1902 fue nombrado secretario del vicario provincial y trasladado al convento de San Nicolás intramuros de Manila, cargo que desempeñó hasta el año 1905. Durante esos tres años supo combinar los trabajos de la secretaría con la vida de apostolado activo y la de escritor. En efecto, en los años 1902, 1903 y 1904 publicó los siguientes artículos en la revista “Estrella de Antipolo”: “Nuestra Señora del Carmen”, “El taumaturgo de Tolentino” y “Nuestra Señora de Antipolo y los padres recoletos”. Su celo y laboriosidad fueron premiados el 17 de julio de 1905 con el cargo de prior del convento de San Nicolás, uno de los prioratos más importantes de la provincia. Pero él, que rechazaba toda clase de prelacías y quería vivir humildemente, como un religioso desconocido, el 8 de noviembre de 1906 renunció al priorato.
Vuelta a España 
Más de 17 años pasó el P. Vicente en Filipinas, trabajando la mayor parte de ellos como misionero en lugares alejados de toda civilización . Su celo y su entrega le ganaron la estima de todos; y su actuación como párroco, como secretario del vicario provincial y como prior del principal convento de Manila fue por todos admirada.
En 1906 la obediencia le mandó volver a España. Llegó al convento de Marcilla (Navarra) a finales de ese mismo año. En enero de 1907 fue destinado a Puente la Reina (Navarra), donde se dedicó a la predicación y a la formación de los jóvenes aspirantes a la vida religiosa.
En septiembre de 1907 fue trasladado a Granada, donde vivió 14 meses dedicado al apostolado de la predicación y de la pluma, colaborando bajo el seudónimo de V. Rosel en la revista “Santa Rita y el pueblo cristiano”. De esa época datan dos de sus principales escritos: “Un mártir de la Independencia - Fr. José de la Consolación”, 87 pp., publicado en Granada en 1908, y su artículo “El R. P. Fr. Manuel Tarazona del Pilar”. Llevado por su amor a la Orden, se dedicó a propagar la Orden Tercera, la cofradía de la Virgen de la Consolación, y a revitalizar “Los talleres de santa Rita”, obra social para ayuda de los pobres.
E1 15 de octubre de 1907, con diversas casas, entre otras la de Motril, fue restaurada la provincia hispano-americana de Nuestra Sra. del Pilar quedando afiliados los religiosos residentes en dichas casas a la mencionada provincia. Dos años más tarde, sería suprimida dicha provincia y constituida la provincia de “Santo Tomás de Villanueva”. Como consecuencia, el P. Vicente pasó a ser hijo de la nueva provincia. En 1908 fue nombrado superior de la residencia de Granada.
Desde ahora su apostolado se desarrollará en Andalucía, sobre todo en Motril. En diciembre de 1908 fue nombrado superior de la Residencia de Motril. Cargado de experiencia e impulsado por su celo apostólico y por sus iniciativas de tipo social dio nueva vitalidad a la Residencia. Arregló el viejo convento de los Mínimos, fundó los famosos “Talleres de Santa Rita”; se prodigó en otras actividades sociales, como la apertura de una escuela para las clases trabajadoras; estableció en 1912 la Adoración Nocturna; y adquirió para la Orden en 1910 ad usum perpetuum  la iglesia de la Victoria.
En el capítulo provincial celebrado en el mes de abril de 1912 fue elegido definidor provincial, permaneciendo como residente en Motril.
En 1914 fundó el Círculo Católico de Obreros de Motril, donde seguía desplegando su apostolado. Dedicó gran atención a las comunidades de religiosas, especialmente a las agustinas recoletas nazarenas de clausura, y se dedicó a la dirección de las almas. Muchas de sus dirigidas abrazarían la vida religiosa para consagrarse al Señor.
En 1915 fue elegido prior provincial, cargo que desempeñó hasta 1918, para retirarse después a su amada residencia de Motril, de donde fue nombrado superior durante el trienio 1921-1924. En el capítulo provincial celebrado en ese año fue elegido de nuevo prior provincial, pero no pudo acabar el trienio porque en el capítulo general celebrado del 18 al 25 de mayo de 1926 en Monachil fue nombrado prior general de la Orden.
Aceptó el cargo, como confiesa él mismo, porque mi renuncia en el mismo acto de la elección hubiera sido tal vez interpretada como resistencia a la voluntad de Dios. Pero advirtió a los capitulares que su permanencia en el cargo sería muy corta.
Sus dos principales preocupaciones como prior general fueron: hacer vivir la caridad en la paz y la unidad según el espíritu agustiniano, plan que expone con convicción y profundidad en su primera circular del 11 de julio de 1926, y consagrar la Orden a la Virgen, propósito que realizó el 15 de agosto del mismo año, con la adhesión entusiasta de todos los religiosos.
Su convencimiento de ineptitud y la falta de salud lo llevaron muy pronto a renunciar al cargo. El 11 /XII/ 1926 presentó la renuncia que fue aceptada por el definitorio general en Madrid el 18 del mismo mes y año. Cuando lo eligieron había manifestado su ineptitud y, sobre todo, su falta de salud, pero se vio obligado a aceptar por las razones antes in dicadas.
Al día siguiente, en una circular dirigida a todos los religiosos, les anuncia su renuncia, mientras da rendidas gracias a Dios y a la Santísima Virgen por haberme concedido la gracia singularísima de ver realizado el más acariciado ideal de mi vida, que era la consagración de nuestra Orden a nuestra bendita Madre la Virgen María. Confirma su deseo de retirarme a una celda, donde, libre de cuidados y de negocios terrenos, pueda prepararme a morir tranquilo cuando su Divina Majestad disponga.
A partir de ese momento el P. Vicente vuelve a su retiro de Motril para dedicarse al apostolado silencioso de la caridad entre las almas y para prepararse al encuentro final con el Señor